lunes, 4 de junio de 2012

- LLAMÁ a SARTHOU

El tiempo después de un hombre entero.

Las palabras se aglomeran, tal vez para explicar un ciclo de vida pleno.
Partió Helios un hombre entero.
Hace pocos días hablando de lo hermoso que estaban los árboles en Montevideo, lleno de colores, divagamos si la Estrella Federal era una flor o solo hojas verdes pintadas de rojo en su centro por el otoño… Coincidíamos en su belleza y en su símbolo de unión de los pueblos del Plata. La hoja convertida en flor.
Decíamos -en la Plaza Libertad el día 17 de mayo, reclamando la libertad del Perro-  que tanta belleza rodeada de mar y playas no merecía el drama social que contiene la sociedad encuentrista, disolvente de sueños y despojada de solidaridad.
Ante su despedida, arranqué la rama más grande de la Estrella Federal del fondo de casa y se la llevé, para seguir hablando de tantas cosas, que quedaron en el tintero… al viejo, el tiempo no lo destiñó, lo pintó cada día más radical, cada día más rojo como las Estrellas Federales. Le quedaron muchas cosas por hacer y eso es hermoso. Porque su enorme compromiso lo volvió un solidario empedernido contra la barbarie del capital, entre ellas la cometida contra los trabajadores, por los terratenientes pitucos del club de golf. Recuerdo su indignación con los actuales dueños del BPS, cuando no amparaban a los trabajadores caddies.        
Ayer, lo despidieron los gritos, los bastones, las consignas. Está bueno que no lo despida el silencio. Acompañado de solidarias lágrimas, todas, todos tenían algo que decir de ese hombre tan viejo y tan nuevo como el hombre soñado por el Ché.
Caminamos llenos de la certeza, de que ese hombre rompió la biblioteca de los opresores para defender durante toda su vida a la clase obrera. Para luchar por los que no tenían un techo, para lidiar con usureros que dejaban  sin casa a una familia obrera. A los sin tierra, a los cooperativistas, a los despojados de todos los derechos, a la empleada doméstica. Su estudio fue siempre un nido de solidaridad y ruptura con los convencionalismos. Ayer estuvimos presentes, los que el viejo quería, defendía. Lo sentimos un igual, y caminamos con él, desde la Plaza Viera, donde Helios tantas veces habló. Pensando y sintiendo, su vida, sus ideas, su  práctica, ese forjar en medio de la claudicación. Un catedrático revolucionario que colocó la universidad en los sindicatos, en los ranchos y entre los terrones. Un hombre, que alentó la llama de que los compañeros, no son leguleyos al servicio de poderosos, sino militantes al servicio de las luchas radicales. Ese término que una y otra vez Sarthou defendió, porque venía de la raíz, de lo originario, de lo esencial y también lo elemental, más allá de los que pretenden asociar lo radical a lo incorrecto, a lo desubicado. ¡Salu compa, radical como lo  fundamental a sostener sin descanso en este tiempo de tanta confusión!  
Porque radical es, con 86 años estudiar, defender, andar marchar, debatir, indignarse e ir a su casa a cuidar a su compañera de toda la vida, disfrutar la poesía y a sus nietos poetas, con mucho orgullo. Aún con la carga, de dolores y límites  que el ciclo biológico nos impone sobre los huesos y el alma, Helios despertó cada día para construir.
El tiempo implacable lo durmió en su estudio. Trazando los últimos escritos en defensa de los cañeros y los jubilados. Murió como vivió, siendo un defensor sin transas de los derechos de los trabajadores organizados y no organizados. 
Ojala, todas y todos los que despedimos al viejo podamos trascender nuestras miserias sectarias y que la muerte tan sentida, sea un empujón para avanzar, en la unidad de los clasistas, en homenaje a los sueños sociales emancipadores. Y sobre todo hacer de nosotros una unidad indestructible, siendo militantes a cada instante y construyendo en el sentido más profundo los valores tan mancillados por este mundo tan individualista.
    Muchas veces nos preguntamos qué dirían, qué harían los compañeros, las compañeras asesinadas, desaparecidos, hoy. Qué dirían de este presente, en qué trinchera estarían…y por suerte hay seres como Helios, que nos responden, reafirmando que donde hay hombres honestos,  íntegros, se llega al final de nuestro tiempo con las banderas en alto.  
Helios, sembró la solidaridad, cuando nadie aparecía, él estaba. Ante el cierre de las mutualistas, ante el despojo de tierras, ante el abuso de un patrón, en las ocupaciones, en las  marchas, en la criminalización en el Acto clasista del 1º de mayo, en la marcha por la Libertad de David, en la lucha contra la impunidad, contra las trampas de las leyes, ahí, Helios siempre estaba. Un compañero decía, la frase que lo pinta en esencia: pasaba algo donde fuera un atropello policial, un conflicto, una duda jurídica, siempre había alguien que te aconsejaba: - LLAMÁ a SARTHOU
Inclaudicable biblioteca obrera, amante de poesías y músicas.
Él te decía: ustedes resuelvan, como trabajadores lo que crean más justo, yo como abogado agarro el Código para defenderlos…   
Recuerdo sus ojos dolidos, cuando se preguntaba como se podía ir a trabajar sin que te pagaran, cómo, se podía manguear para un boleto, cómo  era que no surgía la organización para luchar… La dignidad viva en sus preguntas nos habla de esa desarticulación de la clase, ese dolor de ver cómo el enemigo nos atrapa, nos fragmenta y no nos deja ver y actuar como clase.
En la marcha al Buceo hasta dónde lo acompañamos, muchas mujeres y hombres, apoyados en bastones, llorando, me  decían, se nos fue el último bastión de dignidad de este pueblo…Solo digo, compañeros, no fue en vano el ejemplo de Helios. Tomémoslo para avanzar.        
Helios fue una hoguera muy ardiente, inextinguible.  Ojala, hoy, el viejo siga encendiendo en el horizonte de la emancipación de los trabajadores esa luz, ese faro imprescindible para avanzar en ideas y organización; para soñar ese mundo de los libres…

¡Salú, Helios! ¡Hasta siempre!
Irma Leites

Compañero Helios Sarthou presente!



El compañero Helios Sarthou siempre estuvo presente… como desde ahora en más lo seguirá estando en nuestra memoria alentando nuestros irrenunciables reclamos por verdad y justicia que “el viejo” -ejemplar y desinteresadamente-  siempre compartió.

Alguna vez se le escuchó citar el siguiente pensamiento: “sembrando solidaridad cosecharemos hombres nuevos”… En esa breve sentencia -dándonos el ejemplo- el compañero Sarthou resumía el quehacer  para llegar a construir aquel “mundo nuevo”,  anunciado por el Che Guevara.
(…) Casi no hay palabras que agregar, como tampoco lágrimas para llorar ante el dolor de tan irreparable pérdida… lo que hay -(y a lo cual no debemos renunciar)- es un ejemplo de vida y de coherencia legado por nuestro querido viejo Sarthou y que ahora nosotros debemos recoger para continuar dignamente la lucha hasta la victoria siempre!

Colectivo Barrikada

jueves, 9 de febrero de 2012

PRINCIPIO TIENEN LAS COSAS


recibimos y publicamos del MAU-MAU
                                                                                               
 A veces es difícil percibir las cosas sencillas, las cosas evidentes, los mejores caminos, los más los que son inevitables, los únicos.

 La más importante enseñanza que nos dejó la revolución cubana fue que dieron el paso correcto, el fundamental, sin el cual los otros no son posibles: la destrucción del brazo armado del sistema y su posterior control.

 En este paisito hace más de medio siglo que estamos conversando, discutiendo, polemizando sobre boludeces inconducentes;  pero no se encara la destrucción del enorme aparato disuasivo que tiene el sistema, la oligarquía y el imperio… Una vez que el pueblo se rebela y se aviva de cómo se la jopean, deja de pagar impuestos y tranca la pata para que no lo sigan esquilmando.
Debemos aprender de la historia. Si bien es cierto y  meritorio el esfuerzo que realizó la juventud de nuestra pequeña burguesía “sesentista”, de toda una generación entera que se inmoló. Ya pasó  el tiempo de salir a robarle claveles a los japoneses pa' comprar fierritos cortos y salir a matar  milicos de a uno…

El mundo cambió, está tecnificado:  hay que adaptarse y ser creativos.
 Sí: se me podrá acusar de ser un viejo anquilosado o un dinosaurio anti-diluviano anclado en los '60; pero desde hace 50 años estoy convencido que el problema militar -en este particular lugar geográfico y en este momento histórico- se resuelve como lamentablemente se viene resolviendo desde que el hombre convirtió al avión en plataforma de tiro volante… Para confirmar la aseveración, basta con mirar la historia reciente: la batalla de Inglaterra, Pear Harbour, Dresdner, Hiroshima y Nagasaki, el ataque a Tokio con los B-25… Libia antes de ayer.

Tengo la impresión que la mayoría no percibe que participar de las polémicas semanales de actualidad es entrar en el juego… sólo sirve para distraer y perder el tiempo. Hay que dedicarse a encarar soluciones definitivas y de fondo…  si es que realmente se manifiesta un grupo numeroso que entienda  necesario cambiar las cosas y -en tal sentido- se proponga REALMENTE dar vuelta la tortilla.
Bien sé que un plan guerrillero heterodoxo, no conseguirá otra cosa que despertar de inmediato la sensación de que tal cosa es irrealizable, utópica… producto de una concepción afiebrada… Así será si se parte de nuestra magnitud de cuzquito callejero y sarnoso… así será si no cobramos conciencia de que no somos -simplemente- un paisito de 5ª, tal como se nos ha hecho creer. Sin embargo no es así; basta con 4 o 5 palos gringos y un equipo de 30 compañeros… del "Granma": ¿no quedaron tan sólo 13? ...


 También sé "que las condiciones no están dadas”… que hay que desensillar hasta que aclare, hasta que se desinfle el globo lleno de mentiras con que el “progresismo” tiene engrupida a la gilada; pero la historia es dinámica… el rayo no cesa . ¡A ponerse las pilas!... a organizarse y ponerse a trabajar.

¡Vamo´ arriba que se puede!... el cielo es el límite…                                                              
                                                                                                                                                    
        

martes, 24 de enero de 2012

POR LA TIERRA Y CON SENDIC


Hébert Mejías Collazo

En circunstancia de cumplirse el 50 aniversario de la primera marcha cañera “por la tierra y con Sendic” organizada por la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas (UTAA)… y a diez días de haberse llevado a cabo la ocupación del predio de un usurero salteño (un tal Almeida): este martes 24 de enero a las 15 horas una delegación de trabajadores zafrales del norte artiguense se reúne en la sede central del PIT-CNT para plantear formalmente el apoyo a su justa demanda de “tierras para trabajar y para vivir”… reclamo ante el cual, la central de trabajadores ha demorado su apoyo solidario.

En el norte: la ocupación se mantendrá en pie hasta tanto el Instituto Nacional de Colonización no dé respuesta satisfactoria a los reclamos de tierras para quienes las trabajan! 


La historia de UTAA está ligada desde sus orígenes a la vida militante de Raúl “Bebe” Sendic. La consecuencia del “Bebe” (como bien apunta Mario Rossi Garretano y tantos cuantos lo conocimos lo refrendamos)… “su indeclinable defensa de la Reforma Agraria con expropiación del latifundio, del no pago de la Deuda Externa  y de la nacionalización de la banca y el comercio exterior, signaron su coherencia programática hasta el fin de sus días”.

Tras medio siglo de existencia UTAA sigue levantando la Reforma Agraria y -ahora mismo en Itacumbú- está ocupando un predio de 36 hectáreas de tierras sin cultivar, levantando la consigna de “tierra para quien la trabaja”!


LAS MARCHAS CAÑERAS

El 1º de Mayo de 1962, más de doscientos “peludos” con sus mujeres e hijos marchan sobre Montevideo en protesta por el despido masivo de todos los huelguistas… desfile de camiones: esa fue la prime marcha cañera.
La CSU -central sindical pro patronal- fue ocupada por un grupo de cañeros encabezados por el Bebe Sendic. Los dirigentes de la central no los recibieron… los cañeros destrozaron el lugar. Al retirarse recibieron disparos desde la azotea y una señora que miraba las vidrieras resultó muerta. Fueron detenidos más de 90 cañeros y 36 de ellos (Raúl Sendic incluído) fueron procesados y llevados a la cárcel de Miguelete… muchos de ellos fueron torturados.

Regresados a Bella Unión, Sendic reclama al Instituto de Colonización, la expropiación de latifundios improductivos levantando la consigna de “tierra para quien la trabaja”.
Se propone instalar el tema de la Reforma Agraria y fortalecer la actividad sindical, sin descartar otros métodos de lucha. Ocupación de tierras y trabajarlas… aún siendo consciente de que tales medidas -de un arranque- no serían acompañadas por ciertas dirigencias sindicales, parlamentarios… y por otra parte provocaría el desalojo policial o militar: no resultaría cosa fácil; pero el Bebe pensaba que la tan anhelada y necesaria unidad de la izquierda fragmentada sería generada por los hechos… sobre la base de la solidaridad con los que luchan!
Su propuesta resultó compartida con varias organizaciones de una izquierda naciente en nuestro país, alentada por el triunfo revolucionario en Cuba y otros acontecimientos que se insinuaban en el contexto latinoamericano… confiaba en la movilización popular y en la presión que pudiera llegarse a ejercer sobre el gobierno.

“La lucha económica ya no resuelve nuestros problemas… No se puede seguir padeciendo esta situación. Hay que buscar soluciones de fondo. La lucha por vender mejor la fuerza de trabajo no es incorrecta pero hay que terminar con ella… hay que superar el objetivo… Tenemos que luchar por la expropiación en particular. Nosotros los de Silva y Rosas y otros trabajadores, por otros latifundios”.

(…) En tales circunstancias, la proclama de UTAA de mayo del `68, define y resume el valor de los métodos de lucha radicales, revolucionarios: “¡basta ya de dialogar, hay que armarse pa´ luchar!” -  Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas (UTAA). Mayo de 1968… y terminaba diciendo su proclama: “estamos emparejados y si los problemas nos golpean a todos en conjunto, las soluciones tenemos que alcanzarlas en conjunto!”

oOoOo

Un fragmento de un texto titulado “UTAA y las cooperativas”… que llevaba como consigna: “unos doblan el lomo para que otros doblen los bienes” (periódico Tierra y Libertad/febrero 1969), así decía:

“A los que nos acusan de reformistas y de abandonar la lucha de clases por haber levantado la bandera de la expropiación de la tierra, les contestamos que el compañero Sendic, los compañeros cañeros presos y los que están luchando en los más variados frentes, no lo están haciendo por aumento de salarios ni por el cobro de algún aguinaldo impago… lo hacen para derrotar a los explotadores y tomar el poder. UTAA no pierde de vista que las formas cooperativas de trabajo adquieren gran importancia, una vez que el poder del Estado pase a manos de la clase obrera. Mientras no ocurra existirán problemas de mercados, de falta de herramientas, de créditos y de asesoramiento técnico. La cooperativa por sí sola no puede llevar adelante la lucha por el cambio de las estructuras. La sociedad de clases no desaparecerá mientras las clases existan… no desaparecerá sin responder a la violencia, sin aplastar a la burguesía… A esta conclusión llegamos, porque la lucha entra las dos clases antagónicas -la burguesía y el proletariado- es irreconciliable”….

(…) A tales concepciones me atrevería agregar (pretendiendo que así mejor se me entienda): la única conciliación posible radica en nuestros compartidos valores humanitarios (heredados o cultivados)… radica en los sueños que alientan nuestras esperanzas y animan nuestra disposición a la lucha por un mundo nuevo para ese hombre nuevo soñado por el Che Guevara… cristalizado en el Bebe Sendic -entre tantos otros compañeros- que por la causa fueron capaces de ofrendar su vida: ¡sin renunciamientos!
Hébert  Mejías Collazo
*más allá de  personales vivencias… confieso que para la precedente nota he recurrido a los valiosos aportes de Mario Rossi Garretano (MRO), ordenados y publicados en el 2006 (45º aniversario de UTAA).

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MARTES 24 DE ENERO - HORA 15
SEDE CENTRAL DEL PIT-CNT
conferencia de prensa de representantes de UTAA

martes, 3 de enero de 2012

Video presentación libro "Volvería a hacerlo" de Mejías Collazo


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domingo, 18 de diciembre de 2011

4 ex-presos recorren el cuartel La Paloma


De la capilla de la tortura al Museo Alférez Alexis González

recibimos de Irma Leites

Los que entramos a Artillería 1, La Paloma en el Cerro, retrocedimos:
36 años atrás / 37 años atrás / 38 años atrás / 40 años atrás

En la mañana, al partir de mi casa, hacia allí, en un día desaforado, le dejé una notita a mi hija, que aún dormía: “Voy a retroceder a un diciembre de hace 38 años. Voy a atestiguar que el túnel del tiempo EXISTE, ojala vuelva más joven, no te lo aseguro, Ja!”

Pero, por suerte una vez más, lo que comprobamos que existe, sin duda, es el fabuloso ovillo de la memoria, que lo desata un aroma, un susurro, el roce de las botas al sonar subiendo por las escaleras.
Y entonces, ese hilo se desliza por el pasadizo del tiempo, como un pequeño hilo de agua, que se convierte en una pequeña cañada y luego un arroyo, un río un torrente hasta ser mar.
Hasta devolverle a los ojos una imagen certera del sitio donde nos  torturaron.  
Hoy el oficial nos abría las puertas cerradas. Antes, hace 38 años para mí, ese roce nos venía a buscar para bajarnos a la “máquina”. 
Pequeños detalles dormidos dentro de nosotros que se despiertan para señalar, acusar, condenar. Pequeñas energías que se encienden, solo basta que sople un viento suave y se activa…aparecen y aparecen, como ráfagas. 

De nuevo ese frío, esas presencias que solo los que estuvimos allí podemos percibir.
Ahí mataron al gordo Marcos, a Basilicio López, ahí sobre un banco, hambriento y aterido, dejaron morir una mañana de invierno a un compañero, por omisión de asistencia, después de una ducha fría, ahí torturaron a cientos de mujeres y hombres, ahí enloquecieron al negro Richard… ahí hambrearon, estaquearon.

Ahí, el Cacho los puteaba. Ahí, con lo que se podía se conspiraba para resistir. 
Ahí, cuando ubiqué el calabozo en el que me tenían desnuda, vi el rincón de las ratas, sentí el olor a la grasa rancia que nos ponían por el cuerpo, ahí aún, pude oír el chillido de las ratas que usaban para torturar y les conté ante el asombro del policía de la técnica, que le hablé –hace 38 años- a la rata, le decía que no se acercara, ella en un rincón, yo en otro. Y no se acercó.

Al rato la sacaron de mi celda. La rata fue más humana que el Pajarito Silveira
Y la resistencia viva, también en ese sitio, le mostré a la Fiscal la paloma que dibuje la noche anterior, porque la recuerdo en detalle, una paloma hecha con sangre, ahí en ese calabozo: una paloma que quería decir estás acá, un silbo, un texto,

Alguien limpia la celda de la tortura  / Que se lleve la sangre no la amargura…

Ahí, cuando ubicamos la perrera y el frontón donde nos hacían los simulacros de fusilamiento- hoy leñera- pude percibir el frío que te corría por la espalda cuando en la madrugada te gritaban “corre, corre pichi” y estabas desnuda en medio de soldados y oficiales armados y los perros metidos en la perrera se desesperaban ladrando y tirándose contra los tejidos y no sabías si era verdad que te dispararían o largarían los mastines.
Pude oír las ráfagas que daban contra el frontón y los trozos de pared que te golpeaban y luego cuando ellos se arrimaban y en vilo te levantaban y reían, reían… risa de oficiales mandamás  y de soldados cobardes diciendo amén por el juramento de obediencia debida o simple cobardía. 
En fin…seguro no volví a mi casa con 20 años pero sí con la certeza de que ese viaje por el túnel del horror, le puso el marco físico a lo que vive en mí y en cada uno de los compas que sobrevivimos.
Ese lugar existe, como existen los archivos, las fotos, estos ejércitos no destruyen ni los papeles, ni sus fotos, ni nada, son trofeos, o salvoconductos, son “museos” se jactan de sus “hazañas” de clase.
 Como conservan esa silla y esa toalla ahí, las mismas de la tortura en el “museo” como simples trofeos de guerra.



¿Dónde tendrán las capuchas? ¿En el sótano?


En el sitio, donde se torturó pervive ese halo de dolor oloroso: mezcla agria a lágrimas y sangre. 
Y esos sudores que solo despide el miedo y creo que la dignidad desnuda ensangrentada, atada no desaparece se mete entre el piso de adoquín de la sala de tortura que tan ingeniosamente Gavazzo nombraba como la capilla, él, era el cura. Con el cual  todas y todos “se confesaban” colgadas, picaneados, violadas. En la humedad que despiden las paredes está la sangre.
Sin hablar fuimos a buscar, bajo la escalera, la puerta al infierno.
Esos detalles del que fue torturado, encapuchado y entrado por puertas que no vimos pero todos sabíamos que allí estaba y si, allí está la huella, la marca de una puerta clausurada, la cerraron pero no le colocaron ni siquiera el tramo de zócalo.

Camuflada muy grotescamente –porque la impunidad de los ejércitos tiene eso- ellos cuando están en el ejercicio del terrorismo de estado se creen invencibles.
No prevén que décadas después los que vosotros torturáis, entren a los cuarteles, cierren los ojos y ubiquen escaleras, calabozos, tirantes donde nos colgaban, enchufes.
No importó ni importa al próximo mandón de turno que paso allí.
Ellos heredan  cuarteles para consagrar el credo de todas las FFAA, “morir por la patria y vivir sin razón” como dicen los Sin Tierra.


Y la consagran con la rúbrica del capital: la IMPUNIDAD.   



¿Y saben qué? No se siente que el dolor, sea en vano, no
. El dolor de la barbarie sufrida por los y las compañeras que amas, no nos vence.
Nos hace sangrar la herida que te provocó la víbora,  para que salga el veneno, y no te estalle dentro. Es sanador cualquier peón rural lo sabe. Es la cura sin doctor.



Sirve para que el poder judicial, que en general re victimiza a los testigos y es ciego, compruebe que la ingeniería de la impunidad no es invento de viejos o viejas resentidas, sino un proceso que DEBEMOS TORCER, QUEBRAR, porque sus efectos son la desintegración de hoy, los datos de hoy, la vida hoy: las mujeres asesinadas en sus casas, la pasta base, la indiferencia, las cárceles hoy, la tortura hoy, la falta de deseos de revolución de hoy.

Va lejos el olfato, para poder hoy mirar, juzgar y condenar.
Va lejos el oído para volver hoy a encontrar los sonidos del horror y los lazos de la resistencia, el combate.
Un sitio, una escalera, un tirante, una pared.

Un falso piso para ocultar vaya a saber qué. Todo lo vimos…en esas 2 horas y media.

Primero reconocimos el lugar donde daban las visitas, a los que permanecieron años allí, el pabellón “DEPÓSITO DE PRESOS”, el de la hambruna, el del maltrato eternizado, un sitio de muerte lenta, luego el frontón, la perrera.

Después pasamos frente al “Museo”, la palmera, los cañones, claro, en  un cuartel no es nada extraño, que los tengan. Pero en este caso ese museo, lleno de cañones, monturas, casquillos de balas, tiene una puerta, por la que asoma una escalera…


ESA ES nos dijo todo dentro de nosotros, la misma por la que resbalamos mojados, por la que nos bajaban en andas, con la baranda herrumbrada, hoy  pintada de verde… este “Museo” ubicado frente a una palmera en el lugar central del cuartel, como el florero en una mesa, esa era la capilla de Gavazzo, de Cordero, de Silveira, de Scala, de Agosto, como un florero en una mesa…

Pero no, nada de románico, ni familiar, ni cálido.
Un sitio central en Artillería 1 para la sala de tortura. Ahí en medio de todos los pabellones del cuartel, ahí mismo un lugar que nadie podía desconocer.
En el recorrido nos cruzamos con él.    
Los ojos abiertos, los tímpanos alertas, un día de narices vivas, y el burdo camuflaje de los impunes hicieron posible encontrar la escalera. Igual que en el Florida, allí en Artillería 1, ellos dijeron que los compañeros asesinados en la tortura, se tiraron por la escalera. 

Burdo argumento plasmado en varias partidas de defunción firmadas por los impunes médicos asesores de tortura.



El sobrevivir nos da el dolor de ver los pactos,  la complicidad de los otrora compañeros con la impunidad, pero también el privilegio de aprender a amar más a los verdaderos compañeros.
El humor negro nos rescata, es el recurso de la sanación en medio de la insania de un cuartel, ese humor  que nos dice:
Vayámonos de acá, antes que se dé otro golpe de estado…y nos encuentre dentro.
Soldados y oficiales, policía técnica oían los horrores contados en la escena del crimen…que alguien se haga cargo.
De alguna manera sentí que me llevaba de allí adentro muy vivo al Gordo Marco, a Anita Rosadilla, a la Pitico, a la Negra Tere, al Vasco. ¡Salú compas!

Para ellos, una vez más, las palabras de Pablo:

Ellos aquí trajeron los fusiles repletos

de pólvora, ellos mandaron el acerbo

exterminio,

ellos aquí encontraron un pueblo que cantaba,
un pueblo por deber y por amor reunido,
y la delgada niña cayó con su bandera,
y el joven sonriente rodó a su lado herido,
y el estupor del pueblo vio caer a los muertos
con furia y con dolor.
Entonces, en el sitio
donde cayeron los asesinados,
bajaron las banderas a empaparse de sangre
para alzarse de nuevo frente a los asesinos.

Por esos muertos, nuestros muertos,
pido castigo.

Para los que de sangre salpicaron la patria,
pido castigo.

Para el verdugo que mandó esta muerte,
pido castigo.

Para el traidor que ascendió sobre el crimen,
pido castigo.

Para el que dio la orden de agonía,
pido castigo.

Para los que defendieron este crimen,
pido castigo.

No quiero que me den la mano
empapada con nuestra sangre.
Pido castigo.


No los quiero de embajadores,
tampoco en su casa tranquilos,
los quiero ver aquí juzgados
en esta plaza, en este sitio.



                     Pablo Neruda

 Irma Leites

Sobre presentación libro Mejías Collazo


Las luchas revolucionarias de la región, 
a calzón quitado

Un protagonista de la militancia clandestina de los ‘60 hace un alto en el camino a los 76 años y ofrece detalles de luchas, dudas, golpes, debates, y razones de los combatientes.

Fuente: TIRSO FIOROTTO - UNO - / Actividad Siglo XXI / Entrerrios 

Ernesto Guevara había nacido en la margen occidental del río Paraná, Hébert Mejías Collazo en la República Oriental del Uruguay, con una abuela de Cuba y un abuelo español.

Se encontraron precisamente en Cuba, cuando el Che ya era el Che, en un abrazo que marcaría para siempre al oriental. De los mensajes del revolucionario argentino cubano tomó Mejías Collazo sus convicciones latinoamericanistas, antiimperialistas.

La semana pasada presentó en Montevideo un libro con los relatos de la vida de sus compañeros, las experiencias propias y el contexto revolucionario de los años 60. En un concurrido encuentro, Mejías Collazo reflexionó sobre las razones de la obra y trazó paralelos con la actualidad.

También se escuchó un vibrante discurso de la militante de La Plenaria Memoria y Justicia, Irma Leites.
Sus expresiones no tuvieron reparos a la hora de calificar al gobierno actual del Uruguay, y dada la trayectoria de Leites merecen especial consideración.

Tanto Mejías Collazo como Leites han visitado Paraná, donde intercambiaron conocimientos y pareceres en varias oportunidades con agrupaciones entrerrianas, en particular las vinculadas a los derechos humanos y la educación.

El centro de “Volvería a hacerlo” es, claro, el Uruguay, pero contiene referencias a momentos señalados de Argentina, Chile, Cuba, Costa Rica y países de Europa, donde el autor estuvo exiliado. Es una vida y es un mundo.

Coherente con su visión, que discute las fronteras sudamericanas, Hébert Mejías Collazo pidió que su obra fuera prologada por dos entrerrianos.

Por siempre sedicioso

“Volvería a hacerlo” es un libro ameno. Da ganas de leerlo de un tirón. Y es tan descarnado y sincero que a más de uno puede provocarle picazón.

El autor no pide adhesiones ni aplausos, no se pone en víctima ni en consejero.

Ha sentido, sí, el deber de ofrecer un relato propio, sin mediadores, sin más interés que la verdad. Y desde la coherencia de su vida incomoda, es cierto, a una dirigencia regional que terminó arreglando con el sistema.

Mejías Collazo es un intransigente y no lo oculta, como no oculta su opción por la violencia revolucionaria.
Aquí se mete en detalles de la conducta personal y por ese camino muestra la red de valores que cruzan al militante de intención revolucionaria y a los grupos. Los tiempos, los modos, los grados, todo es motivo de discusión (cuando no de malentendidos y distanciamientos) hacia afuera y hacia adentro.

Pero aún yendo a los lugares y los momentos que pueden crispar los ánimos, la obra de este oriental sereno y firme tiene la virtud de subrayar los méritos de sus compañeros de ruta, en especial de aquellos que cayeron por sus ideales.

En el fondo, Hébert Mejías Collazo ha sentido que se debía una explicación. A sí mismo, a sus hijos, a sus amores, a sus compañeros, a la sociedad, y una explicación que sirviera a todos, desnuda, para ayudar a comprender, con datos de primera mano, la complejidad de la vida de los militantes.
La obra emociona. La obra interroga y compromete, de cabo a rabo. El autor marca lo que considera gruesos errores, aquí y allá, y también grandes aciertos, y si bien una reflexión puede originarse en un hecho concreto ocurrido en el Uruguay, servirá para el análisis de cualquier experiencia de esa índole.
En algunos casos, toca puntos neurálgicos de las discusiones en la clandestinidad que pusieron a los militantes en una disyuntiva, y que pudieron torcer el rumbo de las luchas civiles en toda América. La mayor o menor adhesión a los lineamientos del Che Guevara y los encontronazos que provocó ese dilema es uno de los ejes de la inquietudes de Mejías, y del libro.

El más callado

En el prólogo redactado por el profesor Mauricio Castaldo y el autor de esta columna, se destaca la intención de Hébert Mejías Collazo de provocar hechos palpables, que consoliden la unidad de los pueblos. Como esto mismo de aceptar una presentación de amigos de la otra banda.
Dicen los prologuistas: el decano, y el más joven, y el más callado, y el que más escucha. El que prende el fuego (también en la churrasquera) y el que hace el mate y convida. El que sirve, el que presta la casa a jóvenes más o menos desconocidos para algún encuentro militante, y tira unos chorizos a la parrilla y les regala choripanes para el camino, a los desconocidos.

Si alguien no comenta quién es Hébert Mejías Collazo, él pasará inadvertido mirando, en un segundo plano, en la última silla, prendido a su cigarro. Acompañando, compañero al fin.
No es una imagen, como se acostumbra ahora. Va en su naturaleza. Es así nomás.

Hébert nos pasea por barrios, cuevas, pocilgas, cárceles, embajadas, y nos muestra desde su vida misma fotos cruciales de la historia del Uruguay, de Cuba, de Chile, de la Argentina… El golpe de Pinochet, el último Perón y la Triple A… Y no los vio desde un balcón precisamente.

Guerrillero y cristiano. Artesano en las esquinas porteñas, predicador en Costa Rica. Exiliado y obrero gráfico en Suecia. Con espíritu revolucionario siempre en su vida, y con agradecimiento siempre, también en esta obra, a esa generosidad de los compañeros, aquí y allá. Tal vez el libro mismo sea una excusa para exaltar la solidaridad, virtud imprescindible para un militante que supo de soledades y prisiones en casi todos los suelos que pisó y en todos dejó, con los girones de su vida, amigos entrañables.

Tres faros

Dos faros, José Artigas, Raúl Sendic, se perciben de fondo, marcando los relieves de las historias de Mejías Collazo. Historias que, en algunos tramos, encadenan frustraciones, hay que decirlo, en el camino que se va haciendo al andar, el de la revolución.

Sendic fue, claro, un imán para este obrero bancario del sudeste oriental que se hizo militante en La Teja y tuvo olfato para las cañas y las remolachas que enarbolaban sus pares obreros del noroeste.
Cuba, por razones que explica bien, resultó determinante, y más con aquel abrazo del Che Guevara que le dio ese combustible que anima para siempre.

Son tres faros, pues. Para un militante hermano que abrazó el cuerpo y las ideas del combatiente de la entrañable transparencia, y que por ello mismo, y por todas las luchas en las que participó y participa puede decir “compañero Che Guevara”, y sin apropiaciones, porque también “el Che es de todos”.
Este es un libro que no sólo reafirma caminos sino que también desmitifica y de-construye ciertas historias e historietas políticas. Un libro que aclara, más que nunca y oportunamente (sobre todo para los recién llegados al debate) bellas entregas, y también miserias personales, ideológicas y políticas de varios de ayer que se transformaron en los políticos de hoy.

Es un libro sin dogmas, de un paisano redondo que se dice embroncado pero no derrotado, de un libertario que puede levantar, inclaudicable, una bandera roja y negra de Libertad o Muerte y, al mismo tiempo y sin dramas, encontrarse en otro abrazo con el Che. Tal vez ésta sea la lección política, para todos nosotros. Y la lucha, la lucha que en Hébert Mejías Collazo es “una cosa vital”.

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Tenemos hambre de alegría

Las palabras de la militante Irma Leites, en la presentación de la obra de Mejías Collazo, se dirigieron a las raíces y al estado actual de las luchas, sin medias tintas.

“Hablar así, como lo hace Hebert, es como hablar de la familia de los padres, hijos, primas y hermanos elegidos, no de los heredados biológicamente, sino de aquellos con los cuales decidimos andar, con los que soñamos, nos comprometimos y nos peleamos… Hebert dice en sus primeras páginas que habla embroncado pero no derrotado. Sencilla y profunda reflexión. Mete las manos en el corazón de la pelea. Porque quiénes de nosotros no hemos sentido muchas veces ‘que nos cae mal haber sobrevivido’, sobrevivido a tantos amados compañeros y compañeras, haber sobrevivido para ver tanta claudicación, tanta inconsistencia ideológica con aquel amanecer soñado”.

“Estas páginas son un sitio para tomar partido, no por un partido, sino por una clase, por la lucha. Tomar posición sobre las polémicas, tomar un lugar y luchar mejor. Pero también un sitio, para volver a afirmar que la inmensa entrega de los que han quedado dignamente comprometidos en el camino, son la parte humana que sostiene su afirmación de ‘Lo volvería a hacer’… Que la coherencia del fundamento social, de la convicción de que no hay sillones posibles que nos detengan en el marco del capital, que hoy hay más causas para volver a hacerlo… el bagaje de la derrota no torcerá la vida elegida por mujeres y hombres que no concebimos en la lucha escaleras para llegar al poder sino trincheras donde destruir el poder esclavizante y construir otro mundo, otra humanidad, otro hombres y mujeres nuevas. Y que el debate histórico sobre el poder popular nada, nada tiene que ver con la sociedad del capital, con las instituciones del capital, con el estado del capital, sino con la insurrección de todos los órdenes de la vida misma de los oprimidos”.

“Un libro para repensar los nefastos efectos de la conspiración del sectarismo, esa forma de vincular las diferencias que corroen. Ese sectarismo que no reparó ni siquiera se corrigió en las cárceles, ante la represión, ante la tortura. Que existió y existe como una forma de abordar las contradicciones, que atomiza y nos relega a que quedemos mucho más expuestos al enemigo. La humanidad trasmitida en estas páginas trasciende incluso los dolores que provoca que hasta te excluyan del Abuso (la fuga) por pensar distinto”.
“Páginas llenas de expropiaciones, sueños de libertad, necesidad de trascender, de no anquilosarse en las herramientas, sino andar siempre buscando el mejor sitio, y si no lo encontramos lo creamos”.

“La injusticia de la propiedad privada, la sacrosanta ley del capital, como las causas de aquella y esta rebelión. La discusión entre anarquistas, marxistas, foquistas, sobreviviendo a la poda ideológica y política de estos tiempos. ¿Para qué? ¿Para alargar madrugadas en debates estériles entre viejos militantes, en medio del humo del cigarro y el vapor del alcohol? Seguro que no, para encontrar otro amanecer. Para impedir, que solo se escuche el monocorde sonido del poder y el miedo a disentir. Hebert afirma que en medio de la confusión ‘democrática progresiva’ agrego progresista, tenemos hambre de alegría. ¡Claro, que sí!”

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El recuerdo de Raúl Sendic

Hébert Mejías Collazo, militante actual de la agrupación Barrikada, encuadró la presentación de su obra en las enseñanzas de Raúl Sendic, y tuvo varias alusiones a la actualidad del Uruguay.

“Este modelo de Estado que aún hoy padecemos ‘tiene una cara y una careta’… Así nos lo decía el Bebe Sendic ya en aquellos tiempos… ahora mejor que nunca llegamos a comprender que se estaba refiriendo a este mismo tipo de Estado que -en ciertos ámbitos juristas- así se lo ha llegado a caracterizar: ‘este Estado, no merece otra calificación que la de ´fascismo-progresista’. Ciertamente: se trata de una muy dura pero certera calificación que -en lo esencial de su contenido- personalmente confieso compartir… Sendic hoy ha pasado a ser uno más entre los olvidados: algo así como un convidado de piedra” en las ‘historietas’ escritas por tanto impostor”.

Mejías mencionó a varios de sus compañeros y aunque el lector pueda conocer poco de estos militantes, vale escucharlo para valorar el espíritu del autor. “quiero aclarar que quienes hoy continúan convocándonos son precisamente ellos: nuestros mártires dignamente caídos en pie de lucha.

Sí: son ellos quienes hoy nos siguen convocando con su ejemplo de entrega y sacrificio: Alfredo Cultelli, Ricardo Zabalza, Jorge Salerno… ( jóvenes militantes caídos en la toma de Pando)… sin dejar de recordar también –junto a ellos- el ejemplo legado por aquellos otros jóvenes mártires estudiantiles: Liber Arce (símbolo de lucha signado desde su bautismo con nombre de consigna)… Susana Pintos, Hugo de los Santos, Héber Nieto... ellos: entre tantos otros que -como la maestra Elena Quinteros- ofrecieron sus vidas por aquella soñada revolución… hoy traicionada”.

La obra “también pretende rendir justo homenaje a la memoria del Bebe Sendic, de Gerardo Gatti y León Duarte… de los tupamaros Eduardo Pinela, Carlos Flores, Mario Robaina, entre tantos y tantos otros. Así como también se trata de rescatar la memoria de los queridos compañeros libertarios: el “gauchito” De León, Elena Quinteros, el “Pocho” Melchoso, el “santa” Romero” … y tantísimos más. Entre unos y otros… también el “loco” Rivera: toda una vida testimonial de lucha consecuente, fallecido -no hace tanto- sin haber alcanzado a vislumbrar siquiera… la realización de sus sueños libertarios por una patria para todos”. 

                                                                                                                                                                    TIRSO FIOROTTO